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La actualidad política de nuestro país es un tema que no puede resultar ajeno a las empresas y mucho menos a los conglomerados empresariales. Cada propuesta que pueda traducirse en una decisión de ley en el Congreso, casi por necesidad afecta a los jugadores de la IP.

Particularmente estos tiempos de coyuntura en que el Poder Legislativo parece navegar sin rumbo, se debe tener una presencia fuerte que permita ejercer presión como grupos de poder para fomentar las condiciones necesarias para que México despegue, y lo que es un hecho, es que la recuperación económica pasa necesariamente por la competitividad empresarial, que a fechas recientes se ha visto minada por parches fiscales que sólo traen al país paliativos de muy corto plazo, dejando abiertas las heridas que deberían subsanarse.

Una adecuada influencia sobre los legisladores debe venir necesariamente de un frente sólido del sector empresarial, como se da actualmente con otros grupos sociales  que se han vuelto jugadores políticos de referencia.

Ante esto, cobra relevancia la necesidad de imponer un ejemplo al sector político mexicano. Una Cámara empresarial necesariamente debe, sin excepción mostrarle a los partidos políticos que los proyectos pueden caminar y mucho más rápido en un ambiente exento de corruptelas y guiado por una misma misión: representar verdaderos beneficios para sus representados.

Al igual que en el sector político, existen diversas tentaciones cuando se está en lo alto. Información privilegiada, beneficios “exclusivos”, privilegios y prebendas pueden ser tentaciones reales cuando se forma parte de una cúpula. Sin embargo, no se puede pedir a los dirigentes de un país que abandonen los vicios que como dirigentes empresariales, se llegan a abrazar con entusiasmo. Es necesario más que nunca, cambiar la mentalidad y la manera de hacer las cosas para lograr una verdadera sinergia ante la actual legislatura, si se quiere que se tomen las decisiones necesarias y se deje por fin de lado, el “cortoplacismo” político que mantiene a nuestro Congreso limitando sus decisiones a cálculos electorales inmediatos.

Se trata de tener todos, las manos limpias y de tener la capacidad de recriminar al Legislativo cualquier actitud dirigida a satisfacer sus propios intereses sin correr el riesgo de ser señalados por los mismos que se acusan.

Hoy la sociedad mexicana ha dado muestras de que se puede presionar y exigir a diputados y senadores. Es momento de seguir presionando para que finalmente se dé el paso que se necesita para situar la realidad mexicana en un siglo que hace diez años empezó.

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